La oficina se lleno de olor a mar de febrero, de frio, de balcón oxidado por la sal, de despojos del verano.
¿Pero qué hace tu cara aquí, de repente, y mi sonrisa idiota frente a mis colegas?
No vale tomar la realidad por asalto, un lunes cualquiera, en la vacuidad de mi mañana. Esa es nuestra potestad, no te corresponde ya.
No es justo, es inapropiado, hacerme sonreir de prepo. ¿Quién te has creído?
Es que me miran.
Mi llamado, creo, se escucha tan lejos..., no podría ser de otra forma sino. Basta de hacerme reir, y cierra la puerta del balcón que ha comenzado a hacer frio en la oficina.
¿Quién te has creído?
¿Crees que me alegrarás?
Tu omnipotencia en insultante, porque lo has logrado. Y es lo menos parecido a un recuerdo, por eso te castigaría si puediera.
¿Con quién te has acomodado? Alguien te ha favorecido estos ultimos tantos años parece..., no puedo ni siquiera asentar una queja por alegre acoso.
Alegrar mi realidad es el acto mas injusto que puedes cometer.
¿Crees acaso que durará?
¿Por qué piensas que la realidad será más interesante ahora, que la invades a tu antojo? Solo haces que la odie más, porque es tu antojo. Tu antojo. Tu antojo. Y mi tercera y prostituta dimensión.
Con las alas tan grandes no se podía caminar, (cual pájaro de Baudelaire) eso ya lo has dejado claro.
¿Quién te has creído?
Venir y alegrarme a mi, sin permiso.
Rabia me da no poder devolverte tamaño gesto de amor.
Cierro el balcón, y sigo firmando papeles.
(Ecuador 16- Casteldefels
Barcelona, España)
