Emilia Wëhier

Emilia Wëhier

sábado, 25 de enero de 2014

El amor generalmente aceptado

Quiero que vengas cuando no te necesite.
Que te quedes, cuando no haga falta.
Que me disfrutes, aun hastiado.
Quiero que no tengas nada para darme.
Que no te sirva mi consejo, y me llames.
Quiero que no me hables, y escucharte.
Quiero que te vayas, y no extrañarte.
Quiero volar sola, y que me aplaudas.
Quiero irme y volver, y que no me reproches.
Quiero que me olvides, y que te alegres hasta la rabia al verme.
Ese día, serás el amor.

Hace muchos años dejé de cuestionarme sobre la naturaleza del amor. Supongo será porque me superaba tan solo intentar formular una idea al respecto.
Hoy vuelvo a hacerme sorpresivamente esa pregunta, cuando honestamente había perdido totalmente el interés en el tema.

Creo que los fracasos o desengaños no han tenido nada que ver en la falta de interés en proporcionarle una definición al amor. Fue más bien una cuestión práctica: la definición más popular sobre el mismo (contigo pan y cebolla, incondicionalidad, atracción y compromiso permanente, etc) estaban tan lejos de la realidad en los vínculos no solo personales, sino en los de la mayoría de las personas que me rodeaban, que dicha incongruencia me llevo a pensar que era una tarea por demás estéril e infructuosa.

Estaba frente a una regla inaplicable, un teorema que no se contrastaba con las pruebas empíricas. El margen de error estadístico era tan grande, que se debía rechazar el postulado de pleno. Y decirle al matemático que se dedique a otra cosa.
Ustedes me dirán, qué tiene que ver el amor con la matemática. Pues bien, yo les contesto: todo.
Este concepto, como prefiero llamarlo por ahora, no escapa a las reglas de la naturaleza. Detrás de cada evento o comportamiento natural, hay un modelo matemático, que se repite y se va reformulando y convirtiendo en modelos matemáticos modificados, según los agentes intervinientes (naturales) van modificando comportamientos.
De esa forma los modelos matemáticos van cambiando, no existe el caos. Aunque llueva demasiado para nuestro gusto, eso tiene su explicación matemática. El agente natural llamémoslo "A" modifica su comportamiento, produce un calentamiento general, y la naturaleza ajusta automáticamente los efectos, aumenta la evaporación por el incremento en el calor, aumentan las precipitaciones. Es el mismo modelo matemático, en este caso potenciado.
No hay nada en la naturaleza que no esté asociado a un patrón. Que no tengamos la plena capacidad científica de explicar utilizando la matemática todos los eventos naturales, no implica que esto no sea así.
Justamente, los comportamientos u organizaciones sociales, se dan en un marco natural, la interacción de las acciones sociales con la naturaleza, sus consecuencias, ya sean aciertos o fracasos, es lo que vamos acumulando como experiencias que van definiendo lo que llamamos cultura.
Los animales no tienen una cultura. Porque sus comportamientos no van en contra de los modelos matemáticos planteados por la naturaleza. No tienen nada que reflexionar frente a un resultado adverso, consecuencia de un accionar antinatural. Sencillamente porque no tienen esa clase de comportamientos.

A los seres humanos nos pasa lo contrario. El amor, es un comportamiento social. Y según como se manifieste en el sujeto que lo padezca, las consecuencias serán unas u otras según cuan cercano esté ese comportamiento a las reglas de la naturaleza.
Incluso si piensan que es algo divino, está sujeto a natura. Como el arte, sale de nuestras mentes, tiene un impacto, y viene la consecuencia. No hay escape. Incluso todo aquello que se nos antoja considerar "divino" tendrá siempre una consecuencia devuelta por natura, con lo cual, lo divino también es natural.

Hecha esta aclaración volvamos al tema del amor. Por lo que han leído hasta aquí, es fácil concluir que no creo en la definición común del amor. Con lo cual, si vamos a definir al amor de esa manera, manifiesto que el amor no existe.

Pero no quiero ser categórica ni pincharle el globo a nadie, solo estoy diciendo que el amor no existe, dentro de ese marco conceptual que se le da generalmente. Podemos explorar otros.
Alguien entrevistado en la radio hace unos días esperó alrededor de 5 segundos (eso es mucho silencio para un programa de radio), para decir: "Eso es imposible de responder", frente a la pregunta del periodista sobré qué era el amor.
Eso disparó en mi mente que no estaba sola cuando me planteo que tenemos una concepción errónea del mismo. Admitir que preguntarse qué es el amor es una tarea imposible, es por lo menos reconocer que el consenso general al menos de la incondicionalidad y la eternidad del mismo en cualquier circunstancia, está haciendo agua, siempre lo hizo, y eso señores, representa un gran punto de partida a la hora de repensar nuestros vínculos sociales.

Todas las consecuencias de nuestro accionar humano, en un contexto social, tiene un impacto entre nosotros mismos, los agentes, y en la naturaleza. Y todo eso parte, piénsenlo, de cómo nos relacionamos entre nosotros, de nuestros vínculos. Del diseño que le hemos dado a nuestra organización social, en cuanto a la familia, el trabajo, los sistemas de gobierno, etc. Cuanto más alejada esté la dinámica de un vínculo de los modelos de la naturaleza, mayor será la frustración de los agentes, y mayor será la parva de cultura que vamos generando.
Un grupo social lleno de agentes frustrados no hace más que evidenciar el error, por descuido o conveniencia, a la hora de definir conceptos regidores de nuestra convivencia.
Y uno de los más sensibles y determinantes es el amor.

Frente a la pérdida de autoridad de determinadas instituciones en las sociedades como ser las religiones y sus respectivas iglesias, que le brindaban a la definición generalmente aceptada del amor un respaldo casi incuestionable, se está produciendo un quiebre importantísimo y consecuencias bastante belicosas entre los agentes, al tener que reacomodarse y repensar este concepto gregario.

La mentira del amor quedó en paños menores, y los agentes estamos sufriendo el abandono de un principio regidor que guiaba nuestras vidas. El "otro" se convierte en un desconsiderado, un "desamorado", y empezamos a culpar a quienes reemplazan al amor, por la inmediatez de complacer los impulsos primarios sexuales.
Pero esta interpretación es una gran ceguera señores. Esto no es así.
Cabe hacerse varias preguntas respecto de estos sujetos, cuyo número va en aumento.
Por qué se tiene que concluir que quien no se compromete con el amor generalmente aceptado, se siente plenamente completo con encuentros sexuales esporádicos? Es simplificar demasiado las cosas, y nadie puede negar que los hechos que lleva a cabo una persona no pone de manifiesto al 100% el universo de sus necesidades y aspiraciones. En todo caso yo hablaría de sujetos que rompieron con el concepto del amor generalmente aceptado por las mismas razones que expuse al comenzar, la prueba empírica no avala el postulado.
En todo caso estamos en presencia de sujetos que van impulsando un cambio en los vínculos sociales, desmadraron el engaño, y ha comenzado un proceso.
No son hijos/hijas de puta.

Los invito a que nos preguntemos acerca de la infidelidad. Pero por favor dejemos de lado la estupidez de considerar al o la infiel como una persona adolescente de integridad moral.
Esa discusión, nunca saldada, es ya anacrónica, y justamente nunca se saldó porque la fidelidad parte justamente de ese concepto del amor consensuado que se encuentra hoy en caída libre.
Dejemos de lado la infidelidad aislada, y concentrémonos el la infidelidad prolongada, en el vínculo sostenido en el tiempo con alguien más, por qué se genera y por qué según mi parecer, hoy y siempre está y estuvo en grado "necesidad".
Para simplificar un poco este embrollo, permítanme tomar como punto de partida dos comportamientos. Cómo se comporta el sujeto "A" y el sujeto "B" frente a la agonía de la definición del amor que hoy se profesa.
El sujeto "A" se resigna, comulga hasta las últimas consecuencias con la concepción del amor aceptada, y relega su frustración en pos de abrazar el autoengaño y así creer que su vida está "ordenada".
El sujeto "B", entiende (aunque sea inconscientemente) que la cultura acumulada lo coarta por ser sustancialmente falsa, y busca establecer un equilibrio que baje su nivel de frustración. Entonces propicia un vínculo paralelo, definido por grandes diferencias con respecto a la dinámica relacional que tiene con su pareja legal, por llamarla de algún modo.
Tanto A, como B, están frustrados, pero en diferentes niveles.
Y "B" generalmente tiende a pensar que con su vínculo paralelo es más feliz, pero no cree del todo en ese sentir, ya que la conducta de "A", lo hace dudar con respecto a la integridad moral de sus actos.
Por que los sujetos "A", los más frustrados, son especialistas en esconder la miseria, y aun en plena caída del paradigma amoroso, representan el faro a seguir.
Ahora adentrémonos en el vínculo paralelo de "B", las características que el mismo tiene y el impacto sicológico que le proporciona. En general ese vínculo no está asociado a la búsqueda de satisfacer ninguna necesidad cotidiana.
No busca que lo acompañe en el dia a dia, no le interesa que lo llene de comida, ni consejos, ni que le compre la ropa. Es más, ni siquiera le importa que comulgue con sus ideas. Qué busca entonces en ese vínculo paralelo?
Creo humildemente que se trata de compartirse sin contraprestación. Porque "B" entiende (aunque sea inconscientemente) que el vínculo paralelo no tiene que ver conque esa persona lo asista con sus necesidades básicas. Para eso está su vínculo legal.
Ese entender queda a medio camino en la comunión con el concepto del amor generalmente aceptado, un vínculo funcional que sirve de apoyo para cubrir necesidades básicas que le permitan no salirse de la rueda del paradigma social, pero que lo deja en la más completa orfandad cuando se da cuenta, que ese plato de comida, esas llamadas diarias recordando que debe llevar paraguas porque está por llover, le importan un cuerno, y que bien podría cumplir ese papel su madre o un asistente.
Aquí queda de manifiesto la caducidad del concepto de amor que tenemos hasta hoy.
El ser humano necesita comer, necesita organizarse, necesita asistencia, claro está. Pero, por qué esa asistencia tiene que venir de un vínculo con altísimos niveles de compromiso y con la premisa de "amarse"? Casi siempre termina convirtiéndose en una relación funcional, como la que cualquiera podría mantener con su jefe para lograr los objetivos que impone el trabajo.
Entonces, quien entienda que sus necesidades cotidianas se pueden cubrir de otra manera, entra en conflicto automáticamente con la concepción actual del amor. Y dependerá del nivel de libertad que se permita, la aparición de salidas de escape que contrarresten la frustración.

Fijémonos en las relaciones amistosas. Si pensamos un poco, seguro que tenemos un amigo/a que nos ha durado más que alguna pareja.
Esa persona no nos reclama, no nos cocina todos los días, ni está presente en nuestra domesticidad. Ya vamos "completos" a su encuentro. Y siempre nos da gusto verlo/a. Y sentimos un profundo afecto y haríamos muchas cosas, aunque implique un gran esfuerzo, por esas personas. Y no las vemos quizás por mucho tiempo, pero no hay reclamos, y al reunirnos, no hay mas que sonrisas.
Qué les parece ese tipo de amor?
No es parecido a esos vínculos afectivos paralelos que llamamos infidelidad?

La perdurabilidad de esos vínculos tiene que ver fundamentalmente y exclusivamente me aventuro a decir, en no depositar en el otro la responsabilidad de hacerse cargo de nuestras necesidades cotidianas y domésticas. Porque justamente sabemos que no necesitamos que se metan en cuestiones en las que podemos autoabastecernos. Y el encuentro se produce en un estadio de completitud autogestionada, que ahí si, deja lugar al intercambio afectivo que pacifica y enriquece verdaderamente nuestra esencia.

Por qué entonces tenemos que convertir nuestras relaciones afectivas en contraprestaciones obligadas, que van en contra de la libertad individual que posee como característica esencial el ser humano?
Entender el amor de esa forma, tiene publicado su fracaso en el diario del próximo lunes.

El amor es para mi...... (complete la línea de puntos)

Para llevar la estima, cariño, afecto, amor (ahora sí) a un nivel de intercambio enriquecedor, debemos apartarlo de concepto de necesidad. No necesitamos a nadie para exprimir y tergiversar o doblar las voluntades y libertades individuales para sentirnos completos. Eso es exigir funcionalidad.

La soledad es una circunstancia intrínseca en la experiencia humana, y nunca se podrá sortear. Forzar los vínculos para palear eso, es la peor acción social que podemos realizar los seres humanos, por el simple hecho de no querer aceptar una condición natural dada.
El amor no puede basarse en una necesidad, porque es una contradicción en sí misma. 
Todo lo contrario, debe sostenerse desde la libertad individual, sí y solo así, como en la jerga matemática, el encuentro nos va a enriquecer.

Quiero que vengas cuando no te necesite.
Que te quedes, cuando no haga falta.
Que me disfrutes, aun hastiado.
Quiero que no tengas nada para darme.
Que no te sirva mi consejo, y me llames.
Quiero que no me hables, y escucharte.
Quiero que te vayas, y no extrañarte.
Quiero volar sola, y que me aplaudas.
Quiero irme y volver, y que no me reproches.
Quiero que me olvides, y que te alegres hasta la rabia al verme.
Ese día, serás el amor.


 

sábado, 11 de enero de 2014

Felicidad y estado Alfa

Caminaba en la noche rápidamente tomada de la remera de Julián, tratando de esquivar las piedras y seguirle el ritmo a este flaco desgarbado, que no hacía más que hacerla sentir en un estado de sencillez y autenticidad demasiado anhelado.
Disfrutando de la falta de necesidad de estar en pose, y con la tranquilidad que le trae al corazón el hecho de no estar enamorada, iba llenado las ojotas de polvo y arena con una sonrisa en la boca y un incipiente olor a transpiración, que para su creciente felicidad, sabía era un hecho que a Julián no le importaba.
En el siguiente flash de la cámara habían llegado a la pequeña callecita que reunía todos los bares de una especie de balneario, prácticamente a oscuras debido a un corte de luz desde la avenida que daba al mar hasta la orilla.
Ahí se encontró con la primera desgracia. La transpiración se duplicó por incomodidad social y no por esfuerzo físico.

A la primer distracción de Julián, tomó del brazo al salido del pasado, y entre empujones y tironeos de pelo se dieron a un sexo apurado y lleno de reprobaciones silentes.
En el segundo flash de cámara alguien los había echado del escondrijo y Julián saludaba a su amigo, el salido del pasado, sin sorprenderse en lo mas mínimo del ataque de intimidad culposo entre su amigo y la chica de las ojotas polvorientas.
Ella sintió con amargura la partida de la felicidad, en el preciso instante que vio la remera de Julián, arrugada por su propia mano durante el ascenso de los médanos, y la cara del salido del pasado, quién ya le había ensombrecido el alma por lo menos, por el resto de la noche.

En el tercer flash de cámara, la mejor amiga de la chica de las ojotas, ofreció un porrón de cerveza al salido del pasado, y en un rincón oscuro, empezó a jugar con su cinturón.
Entre sorprendida y furiosa, la chica de las ojotas rápidamente se desplazó a un jardín casero que apareció repentinamente al lado del bar, y pisoteó todas las flores y arrancó los enanos inertes a patadas de talón. Adicionalmente volvió al bar, y mientras su mejor amiga destrozaba la boca del salido del pasado, tomó una bolsa de entre las pertenencias de este, que contenía regalos para su mujer, una cartera, un par de sandalias y un cinturón.

La noche estaba definitivamente arruinada, el amor había aparecido al llegar su mejor amiga, las miserias puestas en foco, la felicidad se había esfumado, y Julián hablaba de fútbol animadamente, con la candidez de quien no tiene ni quiere problemas estériles.

Al cuarto flash de cámara, en su casa, la chica de las ojotas sufría por su mejor amiga, le reclamó lo sucedido con la voz quebrada por teléfono, y pensó en el salido del pasado, y solo pudo sentir pena por él, no podía comportarse razonablemente cada vez que la veía, ni siquiera estando Julián de por medio, ni siquiera estando la mejor amiga de la chica de las ojotas de por medio, podía resistirse a sucumbir a la extrema necesidad de crear una situación irremontable que lo expulsara de ese pesar eterno que representaba la chica de las ojotas en su vida.
La mejor amiga esgrimiendo una lógica extrañísima, culpó de todo lo sucedido a la chica de las ojotas. Según la amiga, la chica de las ojotas tenía la culpa de todo, de la candidez de Julián, de la torpeza del salido del pasado, del destrozo del jardín ajeno, del robo de regalos de la mujer legal, y de su propia traición.
La chica de las ojotas rió al principio. Lloró después, cuando todos, absolutamente todos, le dieron la razón a la mejor amiga.
Esta le dijo que se lo merecía, que no le debía ninguna explicación, ya que el salido del pasado, pertenecía al pasado, que si quería flores, que se comprara semillas, y que si Julián prefería hablar de fútbol a pelearse por ella, que se esmerara en llamar más su atención, además de arrugarle la remera.
La chica de las ojotas con una tremenda impotencia le pegó a su mejor amiga y le preguntó donde estaba su amor por ella. El mundo se había vuelto loco repentinamente.

Al quinto flash de cámara, la chica de las ojotas se despertó. Esta vez no agradeció que todo se haya tratado de una pesadilla.
Con un nudo en la garganta, se preguntó por primera vez qué tienen que ver el amor y la lealtad con la felicidad.