Felicidad y estado Alfa
Caminaba en la noche rápidamente tomada de la remera de Julián, tratando de esquivar las piedras y seguirle el ritmo a este flaco desgarbado, que no hacía más que hacerla sentir en un estado de sencillez y autenticidad demasiado anhelado.
Disfrutando de la falta de necesidad de estar en pose, y con la tranquilidad que le trae al corazón el hecho de no estar enamorada, iba llenado las ojotas de polvo y arena con una sonrisa en la boca y un incipiente olor a transpiración, que para su creciente felicidad, sabía era un hecho que a Julián no le importaba.
En el siguiente flash de la cámara habían llegado a la pequeña callecita que reunía todos los bares de una especie de balneario, prácticamente a oscuras debido a un corte de luz desde la avenida que daba al mar hasta la orilla.
Ahí se encontró con la primera desgracia. La transpiración se duplicó por incomodidad social y no por esfuerzo físico.
A la primer distracción de Julián, tomó del brazo al salido del pasado, y entre empujones y tironeos de pelo se dieron a un sexo apurado y lleno de reprobaciones silentes.
En el segundo flash de cámara alguien los había echado del escondrijo y Julián saludaba a su amigo, el salido del pasado, sin sorprenderse en lo mas mínimo del ataque de intimidad culposo entre su amigo y la chica de las ojotas polvorientas.
Ella sintió con amargura la partida de la felicidad, en el preciso instante que vio la remera de Julián, arrugada por su propia mano durante el ascenso de los médanos, y la cara del salido del pasado, quién ya le había ensombrecido el alma por lo menos, por el resto de la noche.
En el tercer flash de cámara, la mejor amiga de la chica de las ojotas, ofreció un porrón de cerveza al salido del pasado, y en un rincón oscuro, empezó a jugar con su cinturón.
Entre sorprendida y furiosa, la chica de las ojotas rápidamente se desplazó a un jardín casero que apareció repentinamente al lado del bar, y pisoteó todas las flores y arrancó los enanos inertes a patadas de talón. Adicionalmente volvió al bar, y mientras su mejor amiga destrozaba la boca del salido del pasado, tomó una bolsa de entre las pertenencias de este, que contenía regalos para su mujer, una cartera, un par de sandalias y un cinturón.
La noche estaba definitivamente arruinada, el amor había aparecido al llegar su mejor amiga, las miserias puestas en foco, la felicidad se había esfumado, y Julián hablaba de fútbol animadamente, con la candidez de quien no tiene ni quiere problemas estériles.
Al cuarto flash de cámara, en su casa, la chica de las ojotas sufría por su mejor amiga, le reclamó lo sucedido con la voz quebrada por teléfono, y pensó en el salido del pasado, y solo pudo sentir pena por él, no podía comportarse razonablemente cada vez que la veía, ni siquiera estando Julián de por medio, ni siquiera estando la mejor amiga de la chica de las ojotas de por medio, podía resistirse a sucumbir a la extrema necesidad de crear una situación irremontable que lo expulsara de ese pesar eterno que representaba la chica de las ojotas en su vida.
La mejor amiga esgrimiendo una lógica extrañísima, culpó de todo lo sucedido a la chica de las ojotas. Según la amiga, la chica de las ojotas tenía la culpa de todo, de la candidez de Julián, de la torpeza del salido del pasado, del destrozo del jardín ajeno, del robo de regalos de la mujer legal, y de su propia traición.
La chica de las ojotas rió al principio. Lloró después, cuando todos, absolutamente todos, le dieron la razón a la mejor amiga.
Esta le dijo que se lo merecía, que no le debía ninguna explicación, ya que el salido del pasado, pertenecía al pasado, que si quería flores, que se comprara semillas, y que si Julián prefería hablar de fútbol a pelearse por ella, que se esmerara en llamar más su atención, además de arrugarle la remera.
La chica de las ojotas con una tremenda impotencia le pegó a su mejor amiga y le preguntó donde estaba su amor por ella. El mundo se había vuelto loco repentinamente.
Al quinto flash de cámara, la chica de las ojotas se despertó. Esta vez no agradeció que todo se haya tratado de una pesadilla.
Con un nudo en la garganta, se preguntó por primera vez qué tienen que ver el amor y la lealtad con la felicidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario