La famosa "Máquina de Dios" de la que tanto habla la comunidad científica, ubicada en el CERN, Suiza, no hace más que hacer girar partículas mínimas a velocidades extremas por un caño de varios kilómetros de extensión, tratando de modelizar su comportamiento, hacerlas desaparecer, y llegar a conclusiones.
Por la escasa información que circula sobre las actividades del CERN, se sabe que los científicos estaría abocados a emular a pequeña escala, la formación inicial del universo y por ende de la vida.
Se descubrió por ejemplo, la partícula de la anti-materia, menudo hallazgo, algo que no es, pero que se dejó descubrir, y tienen una particularidad más, está asociada a una partícula de materia. Es decir, la materia es, y a la vez no es.
Esto es tremendo, imagínate tratar de explicar con un modelo matemático como es posible medir algo que no tiene entidad! Y más aun cuando la sospecha que recae sobre esta "no partícula" es que a pesar de su inexistencia, contenía/contiene toda la materia suficiente para crear un universo como el nuestro!
Científicamente hablando estaríamos presenciando una vez mas un cambio de paradigma, Newton muere otra vez, para dejar morir a Einstein y este a su vez a Hawking y asi...
Algunos científicos involucrados en esta tarea que lleva a cabo el CERN presentarán teoremas, modelos matemáticos y estadísticos que se discutirán durante el próximo siglo, se reescribirán, se rechazarán, se debatirán, pero definitivamente nos van a acercar a una explicación mas acertada sobre la creación del universo.
Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con Dios? ¿Por qué la "Maquina de Dios"?
Si yo tiré en el año 1996 una bombita de olor en el aula, y me fui segundos antes de que entrara la profesora y el resto de mis compañeras sin ser vista, ¿quién puede especular sobre la autoría del hecho de manera exitosa?
Nadie.
O sea, yo soy Nadie y mis compañeras y la profesora pueden especular sobre Nadie por el resto de sus vidas, sintiendo la más profunda frustración al no poder llegar a descubrir mi identidad.
En el caso del CERN, la cuestión es aún peor, porque la bombita de olor, no es. No solo no hay autor y las especulaciones sobre la autoría son infructuosas, sino que el hecho en si, la partícula, no existe!
En el mejor de los casos, con el tiempo y la profundización de las investigaciones, los nuevos modelos matemáticos explicarán la posibilidad de una partícula sin materia, capaz de crear una masa gigantesca equivalente a un universo.
Ahora, ¿que hacemos con respecto a ese deseo recurrente de encontrar al responsable de todo esto? Este deseo queda evidenciado incluso entre los escépticos científicos al llamar al sistema de ductos del CERN la "Máquina de Dios".
De todas formas a esta altura todos entendemos que el poder explicar la creación del universo no nos lleva por defecto al decisor.
Este eslabón invisible entre el decisor y su creación es lo que el hombre no puede resolver. Puedo aventurarme a decir que podremos explicar la creación, pero existe una ceguera o falta de sentido de orientación que nos permita andar, o desandar el camino entre la obra y el autor.
Pero supongamos que se trata de un defecto en nuestro genoma. Que nos falte un gen, que nos aporte el nivel de comprensión necesaria para darle piedra libre a Dios. Si ese fuera el caso, estamos sonados, pero ojo, por el solo hecho de reconocer que no podemos resolver ese dilema, somos llevados directamente a la certeza que efectivamente hay algo que explicar. Con lo cual siempre existirá la consciencia de algo desconocido, que para colmo de males nos dificulta la convivencia con la existencia.
Porque yo no existo sin más, yo tengo que convivir con mi existencia, que no es lo mismo.
A mi me pesa y me cansa escucharme, vivirnos, dolerme, reirme, morirte, criarme, irte, engañarnos, amame, teneme, acompañarlo, enfermaste.
De todas formas ese es un problema personal, que si bien es compartido por mucha gente, no podemos generalizar. Hay personas que dejan de sufrir cuando obtienen determinadas cosas: el amor, los hijos, una carrera. Benditos ellos, personas con genomas adolescentes de curiosidad.
Otros no podemos sentirnos satisfechos ni con todo eso, ni aun viviendo de nuestra vocación, porque justamente, hay una partícula en el CERN, que no existe y se nos caga de risa en la cara recordándonos que somos y no, y lo que es peor, que no podemos o no sabemos cómo "no ser".
Porque su insultante existencia nos da la certeza de nuestra naturaleza dual, moneda de la cual solo podemos manipular una cara. Entonces, ¿cuál es el propósito de ser conscientes de nuestra falta de comprensión sobre nuestra completitud en lo referente al no ser? ¿De quién es ese propósito? Estas preguntas no son triviales en tanto generan tantas frustraciones en la mayoría de las personas.
No estoy tan segura entonces de no ser capaces de dar piedra libre al decisor. Por lo que sabemos todo lo que existe tiene/tuvo una función, sea que se encuentre en evolución o involución.
La partícula de la anti-materia recuerda al vacío. Y estamos llenos de frases y problemas con este concepto, con el "vacío".
"Terminó la fiesta y sentí un vacío...",
"No soporto el vacío de la soledad",
"Esta persona está vacía por dentro", etc.
Las milenarias religiones del Indostán nos hablan de bucear en el vacío personal para encontrar el todo. Poder dar vuelta la moneda, reconociendo sus dos caras con igual ponderación.
¿Y si es una moda rechazar el vacío? ¿Y si nos lo tomamos tan en serio como algo desafiante a lo que nos propone el mundo occidental como estructura de vida, que ni siquiera podemos intentar abordar la pregunta de para qué el vacío forma parte necesariamente de nuestra esencia?
Quizás nos sentiríamos un poco más aliviados si nos pudiéramos reconciliar con nuestro vacío.
¿No nos estará guiñando un ojo esta partícula antimaterial? Sos y no sos, nos dice. Dale un vistazo al vacío, a tu no ser.
No sé si nos llevará al decisor, pero definitivamente si nos ayudará a reencontrarnos y dejar de echar de menos aquello que conocemos, nos completa, y perdimos de vista en manos de manipulaciones culturales hace demasiado tiempo ya.
Mis mayores respetos y admiración a todos aquellos que siguen imaginando y tratando de descubrir cómo estaban dispuestos los brazos de la Venus de Milo.
Emilia Wehier.
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