Emilia Wëhier

Emilia Wëhier

viernes, 25 de abril de 2014

Ahora y crimen




Me clavo las uñas en el brazo y logro distraer por un momento, algo, una neurona que pone en alerta mi sistema nervioso sobre una posible lesión. Pero las lágrimas caen aún más profusamente, casi con sorna hacia este penoso e inútil intento de evasión.
Con una crueldad lujuriosa van cayendo, desfigurándome la cara, desafiándome a hincar aún más las uñas, a ver hasta donde llego, pobre imbécil. Siguen cayendo por eso, no por las uñas. Por eso, sí, por eso...

Eso. Eso no tiene nombre. Eso, tiene puestas en escena, diplomas, fotos retocadas, concesiones, olvido, ocultamiento, oscuridad, idiomas, belleza, obviedad, aviones, ositos y recibos de sueldo. Eso, tiene muchos recursos, para una vida entera, pero sobre todo tiene olvido.

¿Qué habrá sido lo que abrió la hendija en "eso"? Maldigo esa oruga que se abrió paso por el túnel de mi carne sin prisa pero sin pausa durante los años, quizás los siglos de los siglos, hasta dejarme desnuda frente a "eso" con un revolver en la mano sin saber hacia dónde apuntar. 
Las lágrimas ya se convirtieron en congoja, tengo espasmos en el estómago, me tiembla la mano pero quiero dispararle. Esta situación no puede ser más ridícula e injusta. Tantas lágrimas me nublan la vista, voy a errar el tiro, y en el mejor de los casos, acertaré, y me quedaré desnuda y sin "eso". Que es lo único que tengo, y es lo único que soy.


Tengo frío, "eso" desapareció, y han quedado en su lugar la almohada mojada, y dos manos inmóviles envejeciendo.
No hay decorado. No hay más olvido. Lo recuerdo todo.  Recuerdo la constante tarea de mi propia demolición. Recuerdo lo que no fui. Soy libre ahora y no sé caminar.
No hay caballo blanco sobre el cual cabalgar desnuda con el revolver humeante, mientras la multitud vitorea mi nombre. 

Trataré de dar una última orden.

Manos mías, al río. Saquen a la niña del fondo, y que respire.


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